El trauma psicológico es una herida invisible que puede transformar la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos. No se trata solo del hecho traumático, sino de la huella que queda cuando una experiencia desborda la capacidad natural de afrontamiento. Accidentes graves, pérdidas repentinas, violencia, abuso o catástrofes son ejemplos de sucesos que pueden dejar una marca duradera. Comprender esta realidad es el primer paso hacia la recuperación.

Resumen

El trauma psicológico es una experiencia que puede dejar una huella profunda en la memoria, las emociones y el cuerpo, afectando la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos. Este texto aborda qué es un trauma, sus tipos (agudo, crónico, vicario y colectivo), las formas de exposición, así como las señales de alarma, síntomas y factores de vulnerabilidad y resiliencia. Se describe el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) según los criterios del DSM-5 y se profundiza en emociones frecuentes como la culpa y la vergüenza, explicando su impacto en la recuperación. Además, se detallan las etapas de la recuperación postraumática, herramientas y recursos para afrontar el trauma, estrategias para apoyar a seres queridos con TEPT y recomendaciones prácticas para quienes han vivido un evento traumático. Finalmente, se enfatiza la posibilidad de crecimiento postraumático y la construcción de una vida más consciente, resiliente y con sentido, promoviendo la integración de la experiencia traumática sin que esta defina la identidad de la persona.

Palabras clave: Trauma psicológico, TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático), resiliencia, culpa y vergüenza, crecimiento postraumático

¿Qué es un trauma?

En psicología, hablamos de trauma cuando una persona vive un acontecimiento que percibe como amenazante para su vida, su integridad o su seguridad y siente que no dispone de recursos para afrontarlo. La magnitud objetiva del suceso importa menos que la vivencia subjetiva: dos personas pueden atravesar el mismo evento y reaccionar de forma muy distinta.

El trauma no solo se refiere al hecho en sí, sino a cómo se integra en la memoria, las emociones y el cuerpo. La experiencia puede fragmentarse, dejando recuerdos intrusivos, reacciones físicas intensas y emociones difíciles de manejar. Reconocer un trauma implica aceptar que estas reacciones son respuestas normales ante situaciones anormales, y no signos de debilidad personal.

Tipos de trauma

El trauma puede clasificarse según su origen y duración:

  • Trauma agudo: resultado de un solo evento, como un accidente grave o agresión.

Ejemplos: un accidente de tráfico grave, una agresión física o sexual, una pérdida repentina de un ser querido, un desastre natural como un terremoto.

  • Trauma crónico o complejo: exposición repetida a situaciones estresantes, como maltrato infantil, violencia de género o acoso.

 Ejemplos: maltrato infantil sostenido en el tiempo, violencia de género recurrente, acoso escolar o laboral, negligencia emocional prolongada.

  • Trauma vicario o secundario: surge en personas expuestas indirectamente a historias traumáticas, como profesionales de la salud o familiares.

Ejemplos: profesionales de la salud que atienden pacientes con traumas graves, familiares que viven de cerca la enfermedad o muerte de un ser querido, trabajadores de emergencias que presencian accidentes o violencia.

  • Trauma colectivo o social: afecta a comunidades enteras, por guerras, catástrofes naturales o crisis humanitarias.

Ejemplos: guerras, conflictos armados, desastres naturales masivos, pandemias, crisis humanitarias o desplazamientos forzados de poblaciones.

Causas, señales de alarma y síntomas

El trauma puede originarse en eventos únicos o experiencias repetidas. Factores como la falta de apoyo social, la historia de traumas previos o una vulnerabilidad biológica pueden aumentar el impacto.

Señales de alarma que indican la necesidad de ayuda profesional:

  • Recuerdos intrusivos o pesadillas recurrentes.
  • Sensación de desconexión, como si se viviera en “piloto automático”.
  • Evitación de lugares, personas o conversaciones que recuerdan el suceso.
  • Cambios bruscos de humor, irritabilidad o explosiones de ira.
  • Dificultad para concentrarse o disfrutar de actividades cotidianas.

Síntomas:

  • Síntomas cognitivos: problemas de memoria, pensamientos obsesivos, flashbacks, confusión temporal o sensación de irrealidad.
  • Síntomas físicos: insomnio, tensión muscular, dolores de cabeza, alteraciones digestivas, fatiga crónica, palpitaciones o sudoración ante estímulos que recuerdan el evento.
  • Síntomas psicológicos/emocionales: ansiedad intensa, hipervigilancia, miedo persistente, tristeza profunda, pérdida de interés, culpa o vergüenza.

Estas reacciones no significan debilidad; son la manera en que el organismo intenta procesar una experiencia que lo superó.

Estrés postraumático (TEPT) y criterios DSM-5

Cuando estos síntomas persisten más de un mes y afectan la vida diaria, puede tratarse de un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Se caracteriza por revivir el trauma mediante flashbacks, mantener un estado de alerta permanente y evitar todo lo que recuerde el evento. El TEPT requiere intervención profesional especializada.

Según el DSM-5, los criterios principales son:

  1. Exposición a un evento traumático: amenaza real de muerte, lesión grave o violencia sexual.
  2. Reexperimentación del trauma: recuerdos intrusivos, pesadillas o flashbacks.
  3. Evitación persistente: de pensamientos, recuerdos, lugares o personas asociadas al trauma.
  4. Alteraciones cognitivas y del estado de ánimo: dificultad para recordar aspectos importantes, pensamientos negativos, culpa o vergüenza.
  5. Alteraciones en la activación y reactividad: irritabilidad, conductas autodestructivas, hipervigilancia, sobresaltos exagerados, problemas de sueño.
  6. Duración y malestar significativo: los síntomas se mantienen más de un mes y afectan la vida social, laboral o familiar.

Factores de vulnerabilidad y resiliencia

No todas las personas reaccionan igual ante el trauma. Algunos factores que aumentan la vulnerabilidad incluyen:

  • Experiencias traumáticas previas o acumuladas.
  • Falta de apoyo social y familiar.
  • Problemas de salud mental previos.
  • Factores biológicos que afectan la regulación del estrés.

Factores protectores y resiliencia:

  • Apoyo social y familiar sólido.
  • Habilidades de afrontamiento efectivas y técnicas de regulación emocional.
  • Autoconocimiento y conciencia emocional.
  • Recursos personales, valores y sentido de propósito.
  • Entorno seguro y estable, con rutinas previsibles.

¿Qué debo hacer si he vivido un evento traumático?

Vivir un evento traumático puede ser desconcertante y abrumador. Saber cómo reaccionar y qué pasos seguir puede marcar la diferencia en la recuperación.

Formas de exposición a un trauma:
Las personas pueden estar expuestas a eventos traumáticos de diferentes maneras:

  • Directamente: el evento les ocurrió a ellas mismas.
    Ejemplo: sufrir un accidente de tráfico, una agresión o un desastre natural.
  • Testificación: presenciaron que le sucedió a otra persona.
    Ejemplo: ver un accidente grave o un acto de violencia.
  • Aprendizaje: descubrieron que le había sucedido a alguien cercano.
    Ejemplo: enterarse de la muerte o abuso de un familiar o amigo cercano.
  • Exposición repetida: han estado expuestos repetidamente a incidentes traumáticos o a eventos traumáticos que afectan a otras personas.
    Ejemplo: profesionales de emergencias, personal sanitario o trabajadores de medios de comunicación que ven accidentes, violencia o catástrofes de manera constante.
    También se sabe que la exposición a eventos traumáticos a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías en el trabajo puede generar dificultades de salud mental.

Primeros pasos recomendados tras un trauma:

  1. Buscar seguridad y estabilidad: asegurarse de estar en un entorno protegido y con recursos básicos.
  2. Permitir las emociones: es normal sentir miedo, tristeza, culpa o confusión. No hay respuestas “incorrectas”.
  3. Hablar con alguien de confianza: un amigo, familiar o profesional puede ofrecer apoyo y validación emocional.
  4. Evitar aislamiento extremo: aunque se necesite tiempo a solas, mantener algún contacto social ayuda a reducir la sensación de desconexión.
  5. Considerar ayuda profesional: un psicólogo o terapeuta especializado puede ofrecer estrategias efectivas para procesar el trauma y prevenir complicaciones como TEPT.
  6. Autocuidado físico y emocional: sueño adecuado, alimentación equilibrada, ejercicio moderado y actividades que generen sensación de bienestar.

Actuar con paciencia y cuidado hacia uno mismo, y reconocer que la recuperación es un proceso gradual, puede facilitar la integración del trauma y la reconstrucción de la vida cotidiana.

Culpa y vergüenza

Tras una experiencia traumática, es frecuente que la persona experimente culpa y vergüenza, emociones que pueden complicar la recuperación si no se reconocen y gestionan adecuadamente.

  • Culpa: Surge cuando la persona cree que podría haber hecho algo diferente para evitar el trauma o minimizar sus consecuencias, incluso cuando no tenía control sobre la situación. Por ejemplo, un sobreviviente de un accidente puede pensar “si hubiera actuado distinto, esto no habría pasado”. La culpa puede generar ansiedad, autocrítica excesiva e incluso depresión.
  • Vergüenza: Se relaciona con la percepción de que el trauma la define o la hace débil, inadecuada o “menos valiosa”. A menudo se acompaña de miedo a ser juzgada y de aislamiento social. La vergüenza dificulta compartir la experiencia y buscar apoyo, prolongando el sufrimiento.

Emociones y sentimientos frecuentes en esta etapa incluyen miedo, tristeza, irritabilidad, sensación de impotencia, frustración, confusión y ansiedad. Reconocer y nombrar estas emociones es un primer paso hacia la recuperación. La terapia, los grupos de apoyo y la educación sobre el trauma ayudan a comprender que estas reacciones son normales ante eventos extraordinarios, y no un reflejo de debilidad personal.

Cómo se graba el trauma en el cerebro

Durante un evento traumático, la amígdala, centro del miedo, se activa como una alarma que permanece encendida. El hipocampo, encargado de organizar los recuerdos, puede funcionar de forma irregular, registrando la experiencia en fragmentos sensoriales (imágenes, sonidos, olores) en lugar de una historia coherente. Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, que ayuda a evaluar la situación y regular las emociones, reduce su actividad, dificultando la sensación de control. El eje del estrés libera grandes cantidades de cortisol y adrenalina, lo que, si se mantiene, afecta la memoria, el sueño y la regulación emocional.

Ejemplo: Imagina a una persona que sufre un accidente de tráfico. Durante el impacto, su amígdala graba cada sonido de los frenos y el olor del combustible. Meses después, al escuchar un frenazo en la calle, esas mismas señales activan de inmediato la respuesta de alarma, aunque ya no exista peligro real. Esa reacción automática explica por qué los recuerdos traumáticos se sienten tan vivos.

Etapas de la recuperación postraumática

La sanación tras un trauma no es lineal; se avanza y a veces se retrocede. Sin embargo, suele seguir un proceso que puede entenderse en cuatro grandes etapas que, aunque se solapan, ofrecen una guía útil:

  1. Seguridad y estabilización.
    El objetivo inicial es recuperar la sensación de seguridad. Se trabaja en crear un entorno protegido y en aprender estrategias de autorregulación como respiración profunda, técnicas de “grounding” para anclarse al presente, y hábitos de autocuidado que fortalezcan cuerpo y mente. Esta fase también incluye identificar apoyos sociales y establecer rutinas que devuelvan cierta previsibilidad a la vida diaria.
  2. Reconocimiento y validación.
    Antes de procesar el recuerdo, es necesario reconocer lo ocurrido y validar el propio sufrimiento. Muchas personas sienten culpa o minimizan el impacto. Acompañamiento terapéutico y grupos de apoyo ayudan a poner palabras a la experiencia y a comprender que las reacciones son una respuesta normal a un hecho anormal.
  3. Procesamiento del recuerdo traumático.
    Aquí se integra la experiencia para que deje de condicionar el presente. Se utilizan terapias con evidencia científica, como EMDR o Terapia Cognitivo-Conductual centrada en el trauma, que permiten reorganizar los recuerdos fragmentados y disminuir la activación emocional que estos producen.
  4. Reconexión y crecimiento.
    Finalmente, la persona reconstruye proyectos vitales y fortalece sus vínculos. Esta etapa implica redescubrir intereses, establecer metas y, en muchos casos, experimentar lo que se denomina crecimiento postraumático: una mayor valoración de la vida, de las relaciones significativas y de las propias capacidades. No significa “ser la misma persona de antes”, sino integrar la experiencia y abrirse a una nueva etapa más consciente y resiliente.

Recursos y herramientas para afrontar el trauma

  • Psicoterapia especializada: EMDR, Terapia Cognitivo-Conductual, terapia somática, terapia narrativa.
  • Autocompasión y autocuidado: sueño, ejercicio, alimentación equilibrada, ocio y práctica de autoaceptación.
  • Redes de apoyo: familia, amigos, grupos de apoyo terapéuticos.
  • Prácticas de relajación y conciencia corporal: mindfulness, yoga, respiración diafragmática, arte terapia.
  • Educación sobre el trauma: comprender cómo afecta al cerebro, emociones y comportamiento, reduciendo la ansiedad y sensación de impotencia.

Cómo ayudar a un ser querido con TEPT

  • Escucha empática y sin juicios.
  • Respeto por los límites, evitando exposición a recuerdos dolorosos.
  • Fomentar ayuda profesional, acompañando si lo desea.
  • Autocuidado propio, para sostener el acompañamiento.
  • Apoyo práctico, como acompañamiento a citas o ayuda con tareas diarias.
  • Validación de emociones, reforzando que culpa, miedo o vergüenza son reacciones humanas normales.

La vida después del trauma

Superar un trauma no significa borrar el pasado, sino integrarlo de manera que deje de gobernar el presente. La recuperación implica un proceso gradual de reconstrucción emocional, cognitiva y social:

  • Reconocer la propia experiencia y aceptar las emociones sentidas.
  • Redescubrir la identidad y reconstruir la autoconfianza.
  • Experimentar crecimiento postraumático: desarrollo de fortalezas, gratitud, redefinición de prioridades y relaciones más profundas.
  • Reaprender a confiar y vincularse con los demás.
  • Reorientar la vida hacia metas personales y actividades significativas.

Emociones frecuentes en esta etapa: esperanza, gratitud, miedo residual, tristeza ocasional, satisfacción ante logros y sentido renovado de fortaleza.

Prácticas que favorecen la vida después del trauma: continuar con psicoterapia, mantener redes de apoyo, autocuidado físico y emocional, integrar actividades significativas, y reflexionar sobre aprendizajes y crecimiento sin juzgarse.

Acompañamiento profesional en Centre kasasrurales

En el Centre de Psicología kasasrurales ofrecemos un espacio seguro, confidencial y sin juicios. Nuestro equipo acompaña cada proceso de manera personalizada, ayudando a que la experiencia traumática se integre sin definir la identidad y favoreciendo la reconexión con uno/a mismo/a, con los demás y con la vida cotidiana.

Pedir ayuda es un acto de valentía y autocuidado. Vivir después del trauma es posible: no se trata de volver a ser exactamente quien eras, sino de construir una versión más consciente, resiliente y abierta al futuro.

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