La comunicación en la pareja es un elemento esencial para la satisfacción y la estabilidad de la relación. Este artículo describe los principales estilos comunicativos —constructivo, evitativo, demandante-retirada, agresivo y asertivo— y los factores que influyen en ellos, como el apego, la personalidad o la cultura. A partir de investigaciones recientes (Domingue & Mollen, 2009; Shrout et al., 2022; Ge et al., 2022; Ryjova et al., 2024; Călin et al., 2023; Vanderbilt et al., 2025), se analiza cómo la comunicación empática y asertiva favorece la intimidad y la regulación emocional, mientras que los patrones evitativos o agresivos se asocian con mayor conflicto y malestar. Finalmente, se proponen estrategias terapéuticas y relacionales para mejorar la comunicación y fortalecer el bienestar de la pareja.

Tipos de comunicación en la pareja: estilos, factores y efectos

La comunicación constituye uno de los pilares fundamentales de la relación de pareja. No solo permite coordinar la vida cotidiana, sino que también construye intimidad, confianza y sentido de pertenencia. Sin embargo, hablar no siempre implica comunicarse: la forma en que las emociones se expresan y se reciben es determinante en el desarrollo del vínculo.
En la práctica clínica y en la investigación psicológica se observa que las dificultades comunicativas son uno de los motivos más frecuentes de consulta en terapia de pareja. No se trata solo de los temas que se discuten —dinero, familia, tiempo, responsabilidades— sino de la manera en que se abordan. La forma de comunicarse refleja el nivel de conexión emocional y la capacidad de manejar la diferencia sin dañar el vínculo.
Estudios en psicología de la comunicación han demostrado que la satisfacción conyugal no depende de la ausencia de conflictos, sino de la manera en que estos se gestionan (Domingue & Mollen, 2009; Shrout et al., 2022). Las parejas que logran comunicarse con empatía y respeto muestran mayor bienestar y estabilidad, mientras que los patrones evitativos o agresivos predicen distanciamiento emocional y rupturas más tempranas.

Estilos principales de comunicación en la pareja

Los estilos comunicativos reflejan la interacción emocional de la pareja y la forma en que cada miembro regula la cercanía y la distancia. Identificarlos ayuda a comprender la dinámica del vínculo y a promover un cambio consciente.

  • Comunicación constructiva o empática. Se caracteriza por la escucha activa, la expresión emocional clara y la búsqueda del entendimiento mutuo. Las parejas que se comunican de forma empática validan las emociones del otro y construyen confianza. Este estilo promueve la resolución saludable de los conflictos y un mayor bienestar psicológico (Shrout et al., 2022).
  • Comunicación evitativa o de retirada. En este patrón, uno o ambos miembros evitan hablar sobre los problemas o expresar sus emociones. A corto plazo puede reducir la tensión, pero a largo plazo genera desconexión y frustración. Según Ryjova et al. (2024), este tipo de comunicación suele asociarse con un apego evitativo y con la percepción del conflicto como una amenaza. Las parejas con este patrón pueden mantener la estabilidad aparente durante años, pero con un bajo nivel de intimidad emocional.
  • Comunicación demandante-retirada. Un patrón frecuente es aquel en el que una persona demanda diálogo o cambio mientras la otra se repliega. Este ciclo refuerza la frustración mutua y alimenta la distancia emocional. Domingue y Mollen (2009) describen este patrón como uno de los más perjudiciales para la satisfacción conyugal, al provocar que ambos miembros se sientan incomprendidos y agotados.
  • Comunicación agresiva o depreciativa. Implica críticas, sarcasmos o descalificaciones directas o indirectas. La agresividad comunicativa erosiona el respeto mutuo y activa respuestas fisiológicas de defensa. Călin et al. (2023) señalan que este estilo incrementa el malestar emocional y la probabilidad de ruptura, al obstaculizar la empatía y la escucha. Este tipo de comunicación tiende a cronificarse si no se interviene, ya que alimenta la hostilidad y el resentimiento.
  • Comunicación asertiva. Consiste en expresar las propias necesidades con claridad y respeto, sin someter ni agredir. Este equilibrio permite afrontar los desacuerdos desde el reconocimiento y no desde la confrontación. La comunicación asertiva favorece la intimidad y la estabilidad de la relación (Călin et al., 2023). Supone un aprendizaje activo que requiere práctica y autorregulación emocional.

La dimensión emocional de la comunicación

Más allá de las palabras, la comunicación en la pareja implica un intercambio emocional constante. El tono de voz, la postura corporal, la mirada o el silencio comunican tanto como el contenido verbal. La pareja se convierte en un espejo afectivo: cada mensaje es una oportunidad de conexión o desconexión.

En parejas con buena regulación emocional, los desacuerdos se viven como retos compartidos. En cambio, cuando el sistema emocional está sobrecargado, las palabras se convierten en armas defensivas. Shrout et al. (2022) demostraron que las interacciones negativas sostenidas afectan incluso al sistema inmunológico, mostrando que la comunicación de pareja tiene repercusiones psicológicas y fisiológicas reales.

El componente emocional también se manifiesta en la manera en que se pide apoyo. Algunas personas buscan contención mediante la palabra, mientras otras lo hacen a través del contacto físico o de gestos de cuidado. Comprender estas diferencias ayuda a crear un lenguaje afectivo común. Cuando la comunicación se centra en ganar la discusión, la emoción que predomina es la rabia; cuando se centra en entender al otro, surge la empatía.

Factores que influyen en los estilos de comunicación

Los estilos comunicativos no son rasgos estáticos, sino patrones moldeados por variables personales, relacionales y culturales.

El estilo de apego es uno de los factores más estudiados. Las personas con apego seguro tienden a comunicarse con mayor apertura, mientras que quienes presentan apego ansioso o evitativo muestran mayor tendencia a la demanda o la evasión (Domingue & Mollen, 2009). El modo de comunicarse se convierte así en una extensión del modelo afectivo aprendido en las primeras relaciones de cuidado.

La personalidad también influye. Rasgos como la empatía o la estabilidad emocional facilitan la comunicación constructiva, mientras que la impulsividad o la baja tolerancia al malestar la dificultan.

El género, aunque cada vez menos determinante, puede influir en las preferencias comunicativas. Algunas investigaciones indican que las mujeres tienden a emplear un lenguaje más emocional y los hombres, uno más práctico, aunque estas diferencias se atenúan en parejas con elevada inteligencia emocional (Călin et al., 2023).

La cultura modula las normas de expresión emocional. Ge et al. (2022) demostraron que las culturas más colectivistas valoran la comunicación indirecta y armoniosa, mientras que en sociedades individualistas predomina la franqueza. Estas diferencias culturales influyen en cómo se interpretan los silencios, las pausas o la confrontación.

Por último, los factores contextuales —estrés laboral, dificultades económicas o crianza— condicionan notablemente la comunicación. En contextos de presión, las habilidades relacionales pueden deteriorarse, generando malentendidos o respuestas defensivas.

La comunicación y el ciclo vital de la pareja

La forma de comunicarse evoluciona con el tiempo y con las etapas del vínculo. En los inicios, predomina una comunicación más fluida y centrada en el descubrimiento. Las emociones positivas y el deseo de conexión favorecen la empatía y la escucha.

Con la convivencia surgen nuevos desafíos: la gestión de las tareas, el tiempo compartido y las diferencias personales. En esta fase, las discusiones tienden a aumentar y los patrones comunicativos se consolidan. La pareja aprende a negociar o, por el contrario, a evitar los conflictos.

Durante las etapas de crianza o de cambios vitales —como el desempleo o el cuidado de familiares—, la comunicación puede verse afectada por el cansancio y el estrés. Los temas prácticos ocupan el espacio del diálogo emocional, y la intimidad puede resentirse.

En la madurez del vínculo, cuando existe una historia compartida sólida, la comunicación tiende a volverse más calmada y reflexiva. Las parejas que han desarrollado una comunicación empática logran sostener la cercanía incluso ante las crisis. Aquellas que no lo han hecho pueden experimentar sensación de distancia o soledad, a pesar de la convivencia.

Consecuencias y estrategias para mejorar la comunicación

Los efectos de los distintos estilos comunicativos son amplios. La comunicación empática y asertiva se asocia con relaciones más estables, mayor bienestar psicológico y mejor salud física (Shrout et al., 2022). Por el contrario, la agresividad y la evitación incrementan la ansiedad, la hostilidad y el riesgo de ruptura.

Algunas estrategias útiles para fortalecer la comunicación son:

  • Escucha activa: implica atención plena al mensaje y a la emoción que lo acompaña.
  • Mensajes en primera persona: expresar emociones propias sin atribuir culpa (“yo siento…”).
  • Validación emocional: reconocer la experiencia del otro como legítima, aunque no se comparta.
  • Reparación tras el conflicto: retomar el vínculo después de una discusión refuerza la seguridad emocional.
  • Cuidado del tono y el lenguaje no verbal: una mirada o un gesto pueden calmar o intensificar la tensión.

Implementar estas estrategias requiere práctica y, en muchos casos, acompañamiento profesional. La terapia de pareja ofrece un espacio para explorar los patrones de comunicación, identificar las emociones que los sustentan y desarrollar habilidades más funcionales. Desde la psicología, se entiende que mejorar la comunicación no solo fortalece la relación, sino que también promueve la salud emocional individual.

La terapia psicológica como espacio de transformación

En terapia de pareja, la comunicación se trabaja como un proceso sistémico: no se trata de quién tiene razón, sino de cómo se construye el diálogo. El terapeuta actúa como mediador, ayudando a que cada miembro escuche y sea escuchado.

Durante el proceso, se analizan los patrones repetitivos y se promueven nuevas formas de interacción. Por ejemplo, transformar un “tú nunca me entiendes” por un “me siento frustrado cuando no hablamos de esto” ya cambia la dinámica. La validación mutua, la expresión emocional y la reconstrucción del lenguaje compartido son elementos clave.

Las intervenciones basadas en la evidencia —como la terapia de pareja centrada en las emociones o los enfoques de Gottman— muestran mejoras significativas en la satisfacción y en la regulación emocional. Estas terapias buscan que la comunicación deje de ser un campo de batalla para convertirse en un puente hacia la comprensión.

Conclusión

La comunicación en la pareja es un proceso dinámico que refleja la calidad del vínculo emocional y las formas de afrontar la diferencia. Conocer los estilos comunicativos permite reconocer las fortalezas y vulnerabilidades de la relación, y abre la puerta a un cambio consciente.

Fomentar una comunicación empática y asertiva no significa eliminar el conflicto, sino abordarlo con respeto y comprensión. Las parejas que logran comunicarse desde la escucha y la validación desarrollan vínculos más seguros y duraderos.

Si consideras que la comunicación con tu pareja se ha vuelto difícil o repetitiva, puede ser útil pedir apoyo profesional. En el Centro de Psicología kasasrurales de Barcelona, contamos con psicólogos especializados en terapia de pareja que pueden ayudarte a mejorar la comunicación y recuperar el equilibrio emocional.

Referencias

 Călin, M., Sandu, M., & Voicilă, G. (2023). The influence of mental hygiene on communication styles in couples. The «Black Sea» Journal of Psychology.

Domingue, R., & Mollen, D. (2009). Attachment and conflict communication in adult romantic relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 26(5), 678–696. https://doi.org/10.1177/0265407509347932

Ge, F., Park, J., & Pietromonaco, P. (2022). How you talk about it matters: Cultural variation in communication directness in romantic relationships. Journal of Cross-Cultural Psychology, 53(5), 583–602. https://doi.org/10.1177/00220221221088934

Ryjova, Y., Gold, A., Timmons, A., Han, S., Chaspari, T., Pettit, C., Kim, Y., Beale, A., Kazmierski, K., & Margolin, G. (2024). A day in the life: Couples’ everyday communication and subsequent relationship outcomes. Journal of Family Psychology, 38(1), 25–41. https://doi.org/10.1037/fam0001180

Shrout, M., Renna, M., Madison, A., Malarkey, W., & Kiecolt-Glaser, J. (2022). Marital negativity’s festering wounds: The emotional, immunological, and relational toll of couples’ negative communication                                    patterns.Psychoneuroendocrinology, 149, 105989.

https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2022.105989

Vanderbilt, R., Brinberg, M., & Lu, Y. (2025). The impact of attachment style on communication frequency and language use in romantic partners’ text messages. Journal of Language and Social Psychology.https://doi.org/10.1177/0261927X251344949